A/HRC/56/61 45. En ello intervienen dos mecanismos. En primer lugar, la reducción del tiempo de trabajo suele traducirse en una disminución de los ingresos, lo que obliga a los hogares a consumir menos. En segundo lugar, la reducción del tiempo de trabajo puede crear espacio para pautas de consumo que consuman menos energía pero requieran más tiempo (como cocinar las comidas en lugar de comprar platos precocinados), y para actividades de autoproducción, reduciendo así la dependencia del mercado. El primer mecanismo será especialmente importante en situaciones en las que la reducción de la jornada laboral vaya acompañada de una disminución de los salarios, una evolución que solo debe alentarse si se garantiza plenamente el derecho a un salario mínimo vital y a una remuneración justa 74, y si se incrementan las inversiones públicas para la prestación de servicios básicos universales. 4. Combatir el consumismo 46. La lucha contra las desigualdades se solapa con la lucha contra el consumismo, entendido como la estimulación del consumo mediante el marketing y la innovación permanente. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, las estrategias de marketing no pretenden responder a la demanda identificando las necesidades insatisfechas, sino más bien difuminar la distinción entre necesidades y deseos y crear nuevos objetos de deseo 75. Eso, unido al ritmo creciente de la innovación, que provoca la rápida obsolescencia de los artículos de consumo privado, favorece el crecimiento desenfrenado de las empresas. También agrava la exclusión de las personas con bajos ingresos, al no poder satisfacer las consiguientes expectativas sociales, que van cambiando76. Prohibir la publicidad, prohibir la obsolescencia programada de los bienes e introducir el derecho a repararlos puede contribuir a la búsqueda de una estrategia postcrecimiento. 5. Prestar servicios básicos universales 47. Además de aumentar los ingresos garantizando el derecho a un salario mínimo vital y a una remuneración justa77 y reforzando la protección social, los Gobiernos deberían invertir en la prestación de servicios básicos universales, garantizando el acceso de todas las personas a los servicios que aseguran el disfrute de los derechos humanos78: una vivienda adecuada, atención sanitaria, alimentos nutritivos a través de comedores escolares, agua y energía, transporte y acceso digital79. Abundan los ejemplos conocidos, desde el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte hasta las 420.000 viviendas sociales de Viena, pasando por la oferta de guarderías en Suecia o la introducción del transporte público gratuito en Luxemburgo en 2020. 48. Si se financian mediante regímenes fiscales altamente redistributivos, los servicios básicos universales pueden contribuir a reducir las desigualdades. Cuanto más se atiendan las necesidades básicas mediante servicios básicos universales, menos importarán las diferencias de ingresos y menos se penalizará a los hogares de renta baja. La prestación universal de servicios básicos también evita los riesgos asociados a la selección de destinatarios al asignar los servicios en función de los recursos, que suelen traducirse en una inclusión insuficiente y un bajo grado de aceptación80. También puede ser más sostenible desde el punto de vista político, ya que es posible que los contribuyentes y los votantes estén más a favor de compromisos presupuestarios que beneficien no solo a las rentas bajas, sino al conjunto de la población81. A través de la contratación pública socioecológica y el diseño 74 75 76 77 78 79 80 81 GE.24-07068 A/78/175. Joseph J. Merz y otros, “World scientists’ warning: the behavioural crisis driving ecological overshoot”, Science Progress, vol. 106, núm. 3 (2023). A/75/181, párrs. 49 a 52. A/78/175. Véase Nuestro Futuro es Público: Declaración de Santiago por los Servicios Públicos, aprobada en diciembre de 2022 por una amplia coalición de grupos de la sociedad civil y expertos. Anna Coote y Andrew Percy, The Case for Universal Basic Services (Cambridge, Reino Unido, Polity, 2020). A/HRC/50/38. Walter Korpi y Joakim Palme, “The paradox of redistribution and strategies of equality: welfare state institutions, inequality and poverty in the western countries”, American Sociological Review, vol. 63, núm. 5 (1998), págs. 661 a 687. 15

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