A/HRC/48/78
a la aparición del asma como al agravamiento de la enfermedad. Entre 2010 y 2013, Ella
estuvo expuesta a niveles de dióxido de nitrógeno y partículas en suspensión (principalmente
procedentes de las emisiones del tráfico) que superaban los máximos recomendados por la
Organización Mundial de la Salud. Aunque se reconoció como una de las causas del
fallecimiento que no se hubiese reducido el nivel de dióxido de nitrógeno a los límites
establecidos por la Unión Europea y la legislación nacional, la madre de Ella no fue
informada por los profesionales sanitarios de los riesgos para la salud que conllevaba la
contaminación atmosférica, de su potencial para exacerbar el asma o de las medidas que
podrían haber evitado la muerte de la niña. En la investigación no se rebatió que muchos
miles de muertes prematuras cada año en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte
estuviesen causadas por la contaminación atmosférica. A ese respecto, el retraso en la
reducción de los niveles de contaminación atmosférica había redundado en muertes
evitables9. En ese contexto, la madre de Ella inició una campaña en favor de la introducción
de la “Ley Ella”, para sustituir a la anticuada legislación sobre aire puro. El 26º período de
sesiones de la Conferencia de las Partes (véase el párrafo 23 supra) representó una
oportunidad para preguntar a los líderes qué estaban haciendo para proteger el derecho a
respirar un aire puro, para defender y exigir una vigilancia de la calidad del aire, para educar
y concienciar a los más expuestos a riesgos ligados a este problema y para garantizar que los
desechos no se vertieran en las proximidades de zonas habitadas.
28.
La Dra. Angelique Walker-Smith, asociada superior nacional para la colaboración con
el entorno panafricano y la Iglesia Ortodoxa en Bread for the World, habló de la falta de
justicia medioambiental en la crisis climática y de cómo los pueblos de África y los
afrodescendientes de todo el mundo se veían afectados. A ese respecto, hizo referencia a
Flint, en Michigan (Estados Unidos de América), una comunidad que durante años sufrió las
consecuencias de un suministro de agua tóxico debido a la negligencia de las
administraciones y su indiferencia respecto de las vidas de las personas negras y de color.
En 2014, la ciudad decidió cambiar su fuente de suministro de agua potable de un sistema
municipal de abastecimiento a un río local, para ahorrar dinero. Un tratamiento y un control
de la calidad del agua inadecuados dieron lugar a importantes problemas en la salubridad de
esta, que generaron trastornos en la salud de los habitantes de Flint. A pesar de que durante
18 meses se denunciaron el olor, la decoloración y el mal sabor del agua, así como casos de
irritaciones cutáneas y caída del cabello, las quejas fueron sistemáticamente ignoradas e
incluso desestimadas por los funcionarios de la administración. La Comisión de Derechos
Civiles de Michigan concluyó que la exigua respuesta gubernamental a la crisis de Flint
obedeció a un racismo sistémico. La Dra. Walker-Smith señaló que los afroamericanos tenían
cinco veces más probabilidades que otras personas de vivir en zonas de pobreza concentrada,
que estaban más expuestas a las perturbaciones climáticas y que disponían de menos
elementos comunitarios de mitigación de los efectos del cambio climático, como podían ser
los árboles, para contribuir a purificar el aire y mitigar las altas temperaturas en los barrios
urbanos durante las olas de calor. La realidad histórica del colonialismo y del racismo
estructural había dado lugar a sistemas que se perpetuaban hoy en día a través del racismo
ambiental y de un sinfín de otras injusticias en las que subyacían las mismas raíces
perniciosas. Las protestas mundiales en favor de la justicia racial continuaban en un contexto
sin precedentes marcado por catástrofes climáticas, una crisis económica y la muerte de más
de un millón de personas en todo el mundo a causa de la pandemia.
29.
Eva Okoth, de Natural Justice: Lawyers for Communities and the Environment,
compartió sus perspectivas sobre África y recordó que, aunque solo una pequeña parte de las
emisiones de CO2 procedía de África, ese continente era el más vulnerable al cambio
climático. África se había visto asolada por catástrofes naturales debidas al cambio climático:
sequías, inundaciones, subida del nivel del mar y plagas de langostas del desierto. El racismo
ambiental estaba estrechamente vinculado a la justicia ambiental y sus raíces se remontaban
al colonialismo. En la época poscolonial, las antiguas colonias se utilizaron como vertederos
para el Norte y para el comercio de productos nocivos y tóxicos. Los países africanos se
utilizaron como depósitos de desechos y se decidió ubicar en ellos industrias nocivas, lo que
había llevado a que ciertas comunidades se vieran desproporcionadamente afectadas por las
crisis ambientales. En África, el racismo ambiental se había institucionalizado. La carga de
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GE.21-09167
Véase www.judiciary.uk/wp-content/uploads/2021/04/Ella-Kissi-Debrah-2021-0113-1.pdf.
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