A/RES/75/130
Salud mundial y política exterior: fortalecer la resiliencia de los sistemas de salud
proporcionando atención médica asequible a todas las personas
que instituyan medidas para prevenir, detectar y responder a los brotes, las
enfermedades infecciosas y toda otra amenaza sanitaria que surja,
Reconociendo la necesidad de mejorar la cooperación a nivel nacional, regional
y mundial para hacer frente a la resistencia a los antimicrobiano s mediante el enfoque
Una Salud, de carácter integrado y sistémico, y, a este respecto, acogiendo con
beneplácito la creación del Grupo de Liderazgo Mundial sobre la Resistencia a los
Antimicrobianos con arreglo al Principio de “Una Salud”,
Reconociendo también que la pandemia de COVID-19 tiene un efecto
desproporcionadamente elevado en los pobres y los más vulnerables y repercute en
los avances en materia de salud y desarrollo, lo que dificulta el logro de los Objetivos
de Desarrollo Sostenible y la cobertura sanitaria universal,
Expresando profunda preocupación por el aumento de la discriminación, el
discurso de odio, la estigmatización, el racismo y la xenofobia relacionados con la
pandemia, y subrayando la necesidad de contrarrestarlos como parte de la respuesta
a la COVID-19,
Profundamente preocupada por el aumento de los casos de violencia sexual y
de género contra las mujeres y las niñas, concretamente de violencia en el hogar y en
los contextos digitales, derivado de las medidas de confinamiento, la falta de
disponibilidad de servicios de protección y las dificultades crecientes para hacer que
rindan cuentas los autores, violencia que también afecta a las trabajadoras sanitarias
de primera línea y las trabajadoras voluntarias de la comunidad,
Observando que el creciente número de emergencias complejas dificulta el
logro de la cobertura sanitaria universal y que es esencial adoptar enfoques coherentes
e inclusivos para salvaguardar la cobertura sanitaria universal en las situaciones de
emergencia, incluso mediante la cooperación internacional, asegurando qu e no se
interrumpan ni la prestación de los servicios de salud esenciales ni las funciones de
salud pública, con arreglo a los principios humanitarios,
Poniendo de relieve la necesidad de que todos los Estados partes apliquen y
cumplan plenamente el Reglamento Sanitario Internacional (2005), y destacando la
importancia de que todos los países dispongan de capacidad suficiente para prevenir,
detectar, evaluar y notificar las amenazas para la salud pública y responder a ellas,
así como para apoyar la investigación y el desarrollo, a fin de prevenir y controlar las
enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes que supongan un riesgo para la
salud pública a nivel mundial,
Reconociendo que la atención primaria de salud es el enfoque más inclusivo,
eficaz y efectivo para mejorar la salud física y mental de las personas, así como su
bienestar social, y que es la piedra angular con la que los sistemas de salud sostenibles
posibilitarán la cobertura sanitaria universal y los Objetivos de Desarrollo Sostenible
relacionados con la salud, como se reconoce en la Declaración de Astaná,
Destacando la importante función de la iniciativa Acelerador del Acceso a las
Herramientas contra la COVID-19, así como de otras iniciativas conexas, que apuntan
a acelerar el desarrollo y la producción de medios de diagnóstico para detectar la
COVID-19 y tratamientos y vacunas contra la enfermedad, y el acceso equitativo de
todos los países que los necesiten, y a fortalecer los sistemas de salud, sin socavar los
incentivos en pro de la innovación,
Reconociendo que la inmunización generalizada contra la COVID-19, como
bien de salud pública mundial, es fundamental para prevenir, contener y detener la
transmisión para poner fin a la pandemia una vez que se disponga de vacunas inocuas ,
de calidad, eficaces, efectivas, accesibles y asequibles,
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