CEDAW/C/GC/31/Rev.1
CRC/C/GC/18/Rev.1
vidas. En este contexto, la educación es un instrumento importante para empoderar a las
mujeres y las niñas de manera que reivindiquen sus derechos.
62.
Hay una clara correlación entre el bajo nivel educativo de las niñas y las mujeres y
la prevalencia de las prácticas nocivas. Los Estados partes en las Convenciones tienen la
obligación de garantizar el derecho universal a una educación de calidad y de crear un
entorno propicio que permita a las niñas y las mujeres convertirse en agentes del cambio
(Convención sobre los Derechos del Niño, artículos 28 y 29; Convención sobre la
Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, artículo 10). Esto
implica facilitar la matriculación universal, gratuita y obligatoria en la escuela primaria y
garantizar la asistencia regular, desalentar el abandono escolar, eliminar las disparidades de
género existentes y apoyar el acceso de las niñas más marginadas, incluidas aquellas que
viven en comunidades remotas y rurales. Al cumplir estas obligaciones, se debe tener en
cuenta la necesidad de hacer que las escuelas y sus alrededores sean lugares seguros,
acogedores para las niñas y propicios para su óptimo rendimiento.
63.
La finalización de la educación primaria y la secundaria reporta a las niñas
beneficios a corto y largo plazo, ya que contribuye a prevenir el matrimonio infantil y el
embarazo adolescente y a reducir las tasas de morbimortalidad materna y de lactantes,
prepara a las mujeres y las niñas para reivindicar mejor su derecho a no ser objeto de
violencia e incrementa sus oportunidades de participar efectivamente en todos los ámbitos
de la vida. Los Comités han animado sistemáticamente a los Estados partes a tomar
medidas para incrementar la matriculación y la permanencia en la escuela secundaria, entre
otros medios velando por que los alumnos completen su educación primaria, eliminando el
pago de matrícula escolar en la educación primaria y secundaria, promoviendo el acceso
equitativo a la educación secundaria, así como a las oportunidades de formación profesional
técnica, y considerando la posibilidad de hacer obligatoria la educación secundaria. El
derecho de las adolescentes a continuar sus estudios, durante el embarazo y después de este,
puede garantizarse mediante políticas de regreso no discriminatorias.
64.
Para las niñas que no asisten a la escuela, la educación no formal suele ser su única
vía de aprendizaje y debe proporcionar una educación básica e impartir preparación para la
vida. Es una alternativa a la enseñanza académica para quienes no completaron su
educación primaria o secundaria, y puede ofrecerse también a través de programas de radio
y otros medios de difusión, como por ejemplo los medios digitales.
65.
A las mujeres y las niñas se las capacita para que generen sus activos económicos
mediante la formación en conocimientos sobre gestión de empresas y medios de vida, y
disfrutan de programas que ofrecen un incentivo económico si se pospone el matrimonio
hasta los 18 años de edad, como por ejemplo becas, programas de microcrédito o planes de
ahorro (Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la
Mujer, artículos 11 y 13; Convención sobre los Derechos del Niño, artículo 28). Los
programas complementarios de concienciación son esenciales para informar del derecho de
las mujeres a trabajar fuera de casa y para poner en tela de juicio los tabúes en torno a la
mujer y el trabajo.
66.
Otra manera de fomentar el empoderamiento de las mujeres y las niñas es cimentar
sus activos sociales. Esta tarea se puede facilitar mediante la creación de espacios seguros
donde estas puedan ponerse en contacto con pares, mentores, profesores y dirigentes
comunitarios, y expresarse, dar su punto de vista, articular sus aspiraciones e inquietudes, y
participar en las decisiones que afectan a sus vidas. Esto puede ayudarlas a desarrollar su
autoestima y autonomía, sus competencias comunicativas, negociadoras y de resolución de
problemas, y su conciencia respecto de sus derechos, algo que puede ser especialmente
importante para las niñas migrantes. Dado que los hombres han ocupado tradicionalmente
puestos de poder e influencia a todos los niveles, su implicación es crucial para que los
niños y las mujeres cuenten con el apoyo y la participación comprometida de sus familias,
las comunidades, la sociedad civil y los encargados de la formulación de políticas.
67.
La infancia y, como tarde, la adolescencia temprana son puntos de partida para
prestar asistencia tanto a los niños como a las niñas y apoyarlos para que cambien las
actitudes basadas en el género y asuman papeles y formas de conducta más positivos en el
hogar, en la escuela y en la sociedad en general. Esto conlleva facilitar los debates con ellos
GE.19-07611
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