A/HRC/56/48
público, en caso de que una mujer prostituida presente una denuncia. A menudo basado en
requisitos de salud pública o de planificación urbana, este enfoque sitúa el control sobre las
mujeres prostituidas, ya que prescribe su conducta, ubicación, horario y registro obligatorio
en el Estado. Aunque reconoce los perjuicios del “entorno laboral caracterizado por el
proxenetismo y la explotación”, en lugar de intentar erradicarlos propone gestionarlos
mediante intervenciones del Estado, como controles sanitarios obligatorios129, zonificación,
gravámenes, contratos y penalización de las mujeres que incumplan la normativa. Las
supuestas intenciones de desestigmatizar a las mujeres prostituidas130, “crear puestos de
trabajo” con seguridad social, mejorar las condiciones de atención de la salud, reducir la
violencia y frenar las redes delictivas no se han conseguido con este enfoque. Por ejemplo,
en Alemania, de las 250.000 mujeres prostituidas estimadas, solo 28.280 se habían registrado
ante las autoridades a finales de 2022, y solo 50 de ellas tenían un contrato de trabajo
oficial131. Además, en un sistema totalmente legalizado, los Estados se benefician de la
prostitución de las mujeres a través del impuesto sobre sus ingresos, el impuesto de
sociedades y las tasas de licencia exigidas a los burdeles y/o negocios cibernéticos,
convirtiéndose en esencia en un “Estado proxeneta”132. En Suiza, los ingresos anuales
generados por la industria del sexo comercial se estiman en 3.200 millones de francos
suizos133. Este planteamiento ha provocado un aumento significativo de las mujeres
extranjeras en la prostitución, en su mayoría procedentes de países de Europa del Este con
dificultades económicas y del Sur Global. Esas mujeres rara vez obtienen contratos de trabajo
a pesar de que la ley reconoce la prostitución como empleo, y están sometidas a servidumbre
por deudas con sus proxenetas y tratantes. La legalización de la prostitución aumenta la
demanda, fomenta la violencia contra las mujeres y las niñas y debilita las herramientas
necesarias para que las fuerzas de seguridad vigilen, persigan y enjuicien a los autores,
incluidos los tratantes y otros terceros explotadores134. Los tribunales pueden tratar las
situaciones de violencia en la prostitución como “incidentes laborales”135, y la violación de
mujeres prostituidas por parte de compradores de actos sexuales como “robo de servicios”.
30.
El enfoque de despenalización adoptado en países como Bélgica136 y Nueva Zelandia
es muy similar a la regulación en cuanto a marco e impacto. El planteamiento despenaliza y
desregula, a nivel federal, a terceros, compradores y personas prostituidas; sin embargo, deja
en manos de los ayuntamientos los controles administrativos, policiales o de salud. Los
aspectos jurídicos y estructurales de los marcos de regulación frente a los de despenalización
son casi idénticos. Este enfoque también aboga por políticas de “reducción de daños”, como
negociar el acceso a los burdeles, identificar a los niños explotados sexualmente y acceder a
controles reproductivos137. Al eliminar la ilegalidad de terceros, la despenalización ha
ayudado a los tratantes, ha impulsado el turismo sexual y ha ampliado el tamaño global del
mercado de la prostitución138. La elevada y continua demanda crea un enorme incentivo para
que los explotadores trafiquen y exploten a mujeres vulnerables 139, no ha logrado desalentar
las prácticas sexuales inseguras y ha ampliado el espectro de “ofertas” para incluir incluso a
mujeres embarazadas, además de atraer a mujeres jóvenes vulnerables al comercio sexual.
La despenalización del comercio sexual ha reducido la identificación y persecución de los
tratantes, como ocurre en Alemania140 y Suiza141. También ha impuesto a las mujeres
prostituidas, especialmente a las sometidas a condiciones inseguras o similares a la
esclavitud, la carga de emprender costosas y prolongadas acciones legales contra sus
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Comunicación de Austria.
Comunicación del Reino de los Países Bajos.
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Banyard, K., Pimp State, Faber & Faber, 2016.
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Comunicación de SISTERS.
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Comunicación de Human Rights Watch.
Comunicación de Women’s Rights Party.
Comunicación de Stop Demand Foundation.
Comunicación de SOLWODI.
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GE.24-08177