A/RES/56/6
diversidad de civilizaciones, y reafirmando que los logros en materia de civilización
constituyen el patrimonio colectivo de la humanidad,
Recordando la Declaración del Milenio, de 8 de septiembre de 2000 2, que
considera, entre otras cosas, que la tolerancia constituye uno de los valores
fundamentales esenciales para las relaciones internacionales en el siglo XXI, y que
debe promover activamente una cultura de paz y diálogo entre las civilizaciones, en
que los seres humanos se respeten mutuamente en toda su diversidad de creencias,
culturas e idiomas, sin temer ni reprimir las diferencias dentro de las sociedades ni
entre éstas, sino más bien apreciarse como valiosos bienes de la humanidad,
Observando que la mundialización trae consigo un aumento de las relaciones
entre las personas y de la interacción entre culturas y civilizaciones, y alentada por
el hecho de que el Año de las Naciones Unidas del Diálogo entre Civilizaciones, que
se celebra al comienzo del siglo XXI, ha puesto de relieve que la mundialización es
no sólo un proceso económico, financiero y tecnológico que puede ofrecer grandes
beneficios, sino también un apremio a preservar y celebrar la rica diversidad
intelectual y cultural de la humanidad y de la civilización,
Teniendo presente la valiosa contribución que el diálogo entre civilizaciones
puede aportar para que se conozcan y comprendan mejor los valores comunes
compartidos por toda la humanidad,
Reconociendo que los derechos humanos y las libertades fundamentales
dimanan de la dignidad y el valor inherente a la persona humana y que por
consiguiente son universales, indivisibles, interdependientes e interrelacionados y
que la persona humana es el objeto fundamental de los derechos humanos y las
libertades fundamentales y, por lo tanto, debe ser su principal beneficiario y debe
participar activamente en el logro de estos derechos y libertades,
Reafirmando que todos los pueblos tienen el derecho a la libre determinación,
en virtud de la cual determinan sin trabas su condición política y buscan libremente
su desarrollo económico, social y cultural,
Haciendo hincapié en que la promoción y la protección de la libertad de
opinión y expresión y el interés colectivo en escuchar a los demás y aprender de
ellos, y de respetar el patrimonio y la diversidad culturales son imprescindibles para
el diálogo, el progreso y el adelanto humano,
Subrayando que la tolerancia y el respeto de la diversidad y la promoción y
protección universales de los derechos humanos se refuerzan mutuamente, y
reconociendo que la tolerancia y el respeto de la diversidad promueven eficazmente,
entre otras cosas, la potenciación del papel de las mujeres y a su vez reciben apoyo de
ella,
Recordando su resolución 55/254, de 31 de mayo de 2001, en la que se exhorta
a todos los Estados a que hagan cuanto esté a su alcance por asegurarse de que los
lugares religiosos sean plenamente respetados y protegidos,
Destacando la necesidad de reconocer y respetar la riqueza de todas las
civilizaciones y de buscar un terreno común entre las civilizaciones para hacer
frente al conjunto de los problemas comunes de la humanidad,
Celebrando el empeño colectivo de los gobiernos, las organizaciones
internacionales, las organizaciones de la sociedad civil e incontables particulares en
fomentar la comprensión mediante el diálogo constructivo entre civilizaciones,
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Véase resolución 55/2.