A/HRC/41/33
viviendo en condiciones deplorables y sufriendo las peores formas de exclusión. Las
ancianas con discapacidad corren un riesgo particular de verse recluidas en hogares o
instituciones, debido a los prejuicios tanto sobre su edad como sobre su discapacidad (véase
A/HRC/40/54).
29.
Debido a las normas patriarcales que dan origen a los estereotipos según los cuales
el cuerpo de la mujer es “impuro” (por ejemplo, durante la menstruación) y trae consigo
una “maldición”, hay mujeres que se ven sometidas a un aislamiento equivalente a una
privación de libertad. Esta situación se manifiesta, por ejemplo, en Nepal en la práctica del
cheupadi, un acto punible que consiste en aislar y encerrar a las mujeres durante su período
menstrual, privándolas del derecho a circular libremente, a atender sus necesidades
esenciales y a acceder a los servicios básicos.
Vigilancia del comportamiento “moral”, sexual o reproductivo de las mujeres
2.
30.
De las mujeres se espera, además de sumisión y deferencia ante los mandamientos
de los hombres, que sean moral y sexualmente “puras”. Al mismo tiempo, debido a la
influencia de ideologías sociales discriminatorias, a veces se las considera moralmente
débiles y con una tendencia a ser “sexualmente insensatas”, lo que justifica una vigilancia
constante de su comportamiento moral y sexual por parte de los hombres. Además, debido
a las normas y prejuicios de género, se valora a la mujer principalmente por su papel
reproductivo y a menudo se le imponen reglas en consecuencia. Esos estereotipos se
trasladan a la ley o son sancionados por normas religiosas y sociales en varios Estados y, en
la práctica, las mujeres que no se ajustan a esas expectativas pueden ser objeto de
sentencias severas y de medidas de confinamiento destinadas a castigar, regular o modificar
su conducta.
31.
Por lo común, las ideas patriarcales sobre la “moralidad” de la mujer y las
expectativas en cuanto a su comportamiento público y privado tienen efectos perjudiciales
para las mujeres en el sistema de justicia, ya que pueden ser objeto de un juicio moral
basado más en las expectativas sociales que en los delitos que puedan haber cometido. Los
estudios muestran que las niñas presentan una probabilidad mayor que los niños de ser
detenidas por infracciones ligadas a la condición de menor de edad (como el absentismo
escolar o la huida de casa), atendiendo más a la conducta social que a la ilegalidad del acto
en cuestión, y corren mayor riesgo de ser condenadas a penas de prisión por tales
infracciones21. La expectativa de que las mujeres deben “comportarse mejor” que los
hombres también puede conducir a penas más severas para las mujeres que para los
hombres por un mismo delito. Los prejuicios sexistas en el sistema judicial a menudo se
traducen en condenas desproporcionadas para las mujeres por no ajustarse a los estereotipos
de género. En algunos casos, las penas pueden incluso ir más allá de las penas graves de
prisión y llegar hasta la pena de muerte.
32.
Las normas estereotipadas sobre lo que constituye una conducta “moral” en las
mujeres también influyen en el encarcelamiento desproporcionado de mujeres por delitos
relacionados con las drogas, ya que se juzga a las mujeres de manera más estricta. Es más
probable que sean encarceladas por delitos relacionados con las drogas que los hombres:
en 2018, aproximadamente el 35 % de las mujeres encarceladas en todo el mundo habían
sido condenadas por delitos relacionados con las drogas, frente al 19 % en el caso de los
hombres. Se ha determinado que el enfoque cada vez más punitivo empleado ante el
problema de las drogas por muchos Estados, con políticas de detención administrativa de
los consumidores de drogas y un planteamiento más severo en cuanto a la prisión
preventiva y las penas impuestas a los culpables de delitos relacionados con las drogas,
tiene un efecto discriminatorio y desproporcionado en las mujeres (A/HRC/30/36, párr. 58).
Las mujeres tienden a ocupar los niveles inferiores de las redes delictivas, pero pueden
recibir sentencias desproporcionadas en regímenes que no tienen en cuenta el nivel de
implicación. También es posible que tengan menos oportunidades de negociar una
reducción de la pena o su declaración de culpabilidad debido al bajo lugar que ocupan en
las redes delictivas, unido a su situación de subordinación en un sistema patriarcal. En
21
GE.19-07966
Véase Meda Chesney-Lind y Randall G. Shelden, Girls, Delinquency and Juvenile Justice.
9
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