A/HRC/56/61
de producción y consumo podían obstaculizar el desarrollo sostenible y que era necesario
aplicar al crecimiento económico un enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado que
promoviera el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad y el bienestar
de todos los pueblos. Asimismo, invitaba a los Estados Miembros a que emprendieran la
elaboración de nuevas medidas que reflejaran mejor la importancia de la búsqueda de la
felicidad y el bienestar en el desarrollo con miras a orientar sus políticas públicas. En ese
sentido, los propios Objetivos de Desarrollo Sostenible ofrecen una alternativa al PIB como
brújula para orientar la acción pública.
30.
Basándose en su informe de políticas de Nuestra Agenda Común 4, el Secretario
General reconoció que el PIB no tenía en cuenta el bienestar humano y esbozó diferentes
formas de ir más allá del producto interno bruto para alcanzar los Objetivos de Desarrollo
Sostenible50. El Secretario General observó que el bienestar, la igualdad y la sostenibilidad
ambiental eran fenómenos multidimensionales complejos que no podían encararse con un
único indicador sintético, como el PIB51, y cuestionó la utilidad de un único indicador
compuesto que lo abarcara todo, ya que sería demasiado sintético y revelaría demasiado poco
para poder orientar adecuadamente las políticas 52. En su lugar, el Secretario General propuso
la creación de un marco conceptual para valorar lo que cuenta, centrado en el logro de tres
resultados (bienestar y capacidad de acción, respeto por la vida y el planeta, y menos
desigualdades y más solidaridad) y tres elementos (gobernanza participativa e instituciones
más fuertes, economías innovadoras y éticas, y el paso de la vulnerabilidad a la resiliencia)53.
En el informe de políticas, el Secretario General propuso la creación de un grupo de expertos
independientes de alto nivel para elaborar un tablero de posibles indicadores.
31.
En general, esos intentos de identificar indicadores de bienestar presentan tres
deficiencias. En primer lugar, se perciben como arbitrarios en vez de consensuados y
objetivos: es posible impugnar tanto la lista de los componentes del bienestar como el peso
que debe darse a cada uno. En segundo lugar, no incluyen un elemento de rendición de
cuentas: salvo raras excepciones, los Gobiernos pueden ignorar sistemáticamente las señales
de alarma que proporcionan los indicadores de bienestar. Por ambas razones, sería muy
aconsejable basar los indicadores de bienestar en los derechos humanos y permitir que los
mecanismos de derechos humanos supervisen su cumplimiento. En tercer lugar, aunque esos
indicadores son una herramienta que permite a las sociedades comprender qué dirección están
tomando, carecen de la capacidad necesaria para identificar soluciones. Pueden alertar a las
comunidades de la necesidad de cambiar de rumbo, pero no llegan a indicar cómo. A
continuación, el Relator Especial explora algunas vías de actuación.
B.
Corregir las desigualdades
32.
La lucha contra las desigualdades de ingresos y riqueza —“desigualdades verticales”,
en contraposición a las “desigualdades horizontales” entre grupos de población, de las que
tradicionalmente se ha ocupado más el derecho de los derechos humanos— debería ser el eje
central de la búsqueda de enfoques postcrecimiento para erradicar la pobreza.
33.
En primer lugar, las desigualdades (tanto dentro de los países como entre ellos)
permiten a los más ricos disponer de recursos que, en consecuencia, no están disponibles para
satisfacer las necesidades básicas de las personas en situación de pobreza. Cuanto más se
guíe el sistema de producción por la demanda, y cuanto más se permita que persistan las
diferencias de renta, más recursos se desviarán a satisfacer los deseos de los ricos, en lugar
de las necesidades de los pobres. Por ende, la economía es menos eficiente a la hora de
satisfacer esas necesidades si tolera altos niveles de desigualdad.
34.
En segundo lugar, la acumulación de riqueza en manos de una reducida élite tiene
importantes repercusiones, en particular sobre las emisiones de gases de efecto invernadero,
debido a las opciones de inversión de los grupos más ricos. El 1 % más rico de la población
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GE.24-07068
Secretario General, “Valorar lo que cuenta: un marco para ir más allá del producto interno bruto”,
informe de políticas de Nuestra Agenda Común 4 (mayo de 2023), págs. 3 y 8.
Ibid., pág. 10.
Ibid.
Ibid., pág. 9.
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