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perpetrándose delitos sexuales y torturas en tiempos de guerra, que, con demasiada
frecuencia, quedan impunes. Aunque la rendición de cuentas por estos delitos puede
tener una función preventiva, es necesario abordar plenamente las causas subyacentes
de la tortura sexual y los factores que la favorecen.
67. La violencia sexual contra mujeres y niñas se atribuye a la misoginia, la
desigualdad y la discriminación. Se perpetúa a través de sistemas jurídicos, sociales,
culturales, económicos y religiosos que devalúan a la mujer y establecen la
dominación masculina. Estos factores de violencia sexual, presentes en la vida civil
en entornos aparentemente “seguros”, se magnifican y desencadenan en tiempos de
guerra. Los agresores utilizan las normas de género y las relaciones de poder para
aumentar el sufrimiento de las víctimas 101.
68. En situaciones de conflicto existen causas adicionales que se perpetre, tolere e
incluso fomente la tortura. Entre ellas figuran el enquistamiento de la diferencia y el
odio en las esferas política y económica, la elección de víctimas para fomentar el
terror y el control, la incitación a su desplazamiento fuera de determinadas zonas y la
destrucción de la cohesión social. La tortura –y sus formas sexualizadas– se utilizan
como parte de estrategias políticas y militares para ganar la guerra a toda costa. Al
igual que otras formas de tortura, puede utilizarse con fines de opresión,
sometimiento, control y venganza. El uso de la tortura sexual o la amenaza de
ejercerla pueden ir acompañados de la creencia errónea de que resultará eficaz para
obtener información o una confesión. También puede existir la percepción de que esta
forma de tortura especialmente extrema, dolorosa y humillante tendrá éxito en
situaciones en las que otros métodos han fracasado 102. Puede utilizarse como una
forma de escalada de la amenaza.
69. Algunas entidades terroristas adoptan políticas motivadas ideológicamente que
autorizan determinadas formas de violencia sexual, como la esclavitud sexual y el
matrimonio infantil, definiendo quién puede ser el objetivo y regulando las
condiciones en las que puede perpetrarse la violencia 103. La violación también puede
utilizarse para “compensar” o “recompensar” a las tropas, especialmente cuando los
salarios de los soldados son insuficientes 104. Las llamadas “mujeres de solaz” de la
Segunda Guerra Mundial, los hoteles en los que se cometían violaciones y que
funcionaron durante la guerra en Bosnia y Herzegovina 105 y la esclavitud sexual de
las supervivientes del EIIL son ejemplos de esta práctica 106.
70. La comisión de actos tan atroces puede ser un componente explícito o implícito
de las estrategias militares o políticas de un Estado. Esto puede hacerse mediante
órdenes escritas o verbales, o utilizando un lenguaje que señale intencionadamente el
permiso otorgado 107.
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Comunicación presentada por DIGNITY.
Christopher J. Einolf, “Why Do States Use Sexual Torture against Political Prisoners? Evidence from
Saddam Hussein’s Prisons”, Journal of Global Security Studies 3:4, octubre de 2018, pág. 419.
Mara Redlich Revkin y Elisabeth Jean Wood, “The Islamic State’s Pattern of Sexual Violence: Ideology
and Institutions, Policies and Practices”, Journal of Global Security Studies 6:2, 2021, pág. 15.
Elisabeth J. Wood, “Rape During War Is Not Inevitable: Variation in Wartime Sexual Violence”,
Understanding and Proving International Sex Crimes, Torkel Opsahl Academic EPublisher, 2012, pág.
414.
Véase The Prosecutors and the Peoples of the Asia-Pacific Region v. Showa et al., causa núm. PT-2000-1T, 31 de enero de 2002.
Véase Prosecutor v. Kunarac et al., causa núms. IT-96-23-T e IT-96-23/1-T, 22 de febrero de 2001.
Mayesha Alam y Elisabeth Jean Wood, “Ideology and the Implicit Authorization of Violence as Policy:
The Myanmar Military’s Conflict-Related Sexual Violence against the Rohingya”, Journal of Global
Security Studies, 7:2, 2022, pág. 8.
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