A/72/275 C. Honrar la promesa de no dejar atrás a ningún niño: los niños en tránsito 46. En los últimos años se ha registrado un aumento del número de niños que están en tránsito, solos o con sus familias, dentro de los países y entre ellos. Cada minuto, 20 personas se ven obligadas a huir de sus hogares a causa de la violencia, la persecución o el conflicto. En 2016, los niños representaban más de la mitad de la población total de refugiados, y había más de 75.000 solicitudes de asilo presentadas por niños no acompañados o separados de su familia. 47. En la mayoría de los casos, la decisión de un niño de abandonar su hogar es una estrategia de huida en busca de seguridad y protección, y con la esperanza de llegar a algún lugar donde refugiarse de la violencia y la explotación, la inestabilidad política, los conflictos y los desastres naturales. Para los niños en tránsito, la violencia impregna la vida cotidiana, el temor y la inseguridad están generalizados y prevalece la impunidad. 48. Los niños en tránsito pueden presenciar escenas horribles: la muerte de sus padres, la violación de sus hermanas o la desaparición forzada de sus amigos. Están expuestos a la delincuencia callejera y la violencia comunitaria, la extorsión sistemática, y el acoso de los miembros de bandas en su escuela o vecindario. En algunos casos, los niños son manipulados por miembros de la delincuencia organizada y obligados a participar en actividades delictivas, como actuar como vigilantes en lugares donde se trafica con drogas o armas o donde se congregan los contrabandistas. Si se niegan a cooperar, pueden pagar un alto precio. Los niños marginados en esas comunidades están atrapados en un círculo vicioso de exclusión, estigmatización y violencia, pues se los termina percibiendo como delincuentes, los miembros de sus comunidades les temen y, a veces, las autoridades los tratan como si fueran delincuentes. 49. En medio de esa devastadora realidad, los niños se sienten listos para emprender un peligroso viaje de incertidumbre con la esperanza de encontrar un lugar seguro. 50. Estos niños muchas veces no logran beneficiarse de la protección que les corresponde por derecho. Pueden parecer entrometidos, más que víctimas vulnerables en situación de riesgo. Pueden carecer de documentación adecuada o no hablar el idioma local. En la mayoría de los casos, sencillamente están demasiado atemorizados para denunciar los incidentes de malos tratos o hablar sobre el trauma que han sufrido. No piden ayuda por temor a las consecuencias negativas que eso podría tener en las decisiones pendientes sobre su situación, o porque eso podría exponerlos a una detención o deportación. 51. Muchos niños terminan en instalaciones atestadas, a menudo junto con adultos que no son miembros de su familia. Pueden encontrarse en lugares donde existe un procedimiento abreviado y enfrentarse a un alto riesgo de que, en este procedimiento, apenas se tenga en cuenta su interés superior, con lo que además tendrían más probabilidades de ser devueltos a las situaciones de las que han huido. 52. La amenaza de privación de la libertad es alta. Los niños pueden ser detenidos supuestamente para garantizar su protección contra el riesgo de desaparición y trata, o con el fin de localizar a la familia o examinar las opciones de regreso a su país de origen. La detención de esos niños, que nunca redunda en su interés superior, constituye un castigo adicional cuyos supuestos fines pueden lograrse de otra forma. 53. Mientras se decide su suerte, los niños pueden sufrir humillaciones, agresiones físicas y abusos sexuales. En muchos casos, no tienen acceso a una autoridad de protección infantil, un proceso de determinación de la protección e n función de su 17-13267 9/20

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