A/RES/55/2
religión, y la cooperación internacional para resolver los problemas internacionales
de carácter económico, social, cultural o humanitario.
5.
Creemos que la tarea fundamental a que nos enfrentamos hoy es conseguir que
la mundialización se convierta en una fuerza positiva para todos los habitantes
del mundo, ya que, si bien ofrece grandes posibilidades, en la actualidad sus
beneficios se distribuyen de forma muy desigual al igual que sus costos.
Reconocemos que los países en desarrollo y los países con economías en transición
tienen dificultades especiales para hacer frente a este problema fundamental. Por
eso, consideramos que solo desplegando esfuerzos amplios y sostenidos para crear
un futuro común, basado en nuestra común humanidad en toda su diversidad, se
podrá lograr que la mundialización sea plenamente incluyente y equitativa. Esos
esfuerzos deberán incluir la adopción de políticas y medidas, a nivel mundial, que
correspondan a las necesidades de los países en desarrollo y de las economías en
transición y que se formulen y apliquen con la participación efectiva de esos países
y esas economías.
6.
Consideramos que determinados valores fundamentales son esenciales para las
relaciones internacionales en el siglo XXI:
• La libertad. Los hombres y las mujeres tienen derecho a vivir su vida y a criar
a sus hijos con dignidad y libres del hambre y del temor a la violencia,
la opresión o la injusticia. La mejor forma de garantizar esos derechos es
contar con gobiernos democráticos y participativos basados en la voluntad
popular.
• La igualdad. No debe negarse a ninguna persona ni a ninguna nación la
posibilidad de beneficiarse del desarrollo. Debe garantizarse la igualdad de
derechos y oportunidades de hombres y mujeres.
• La solidaridad. Los problemas mundiales deben abordarse de manera tal que
los costos y las cargas se distribuyan con justicia, conforme a los principios
fundamentales de la equidad y la justicia social. Los que sufren, o los que
menos se benefician, merecen la ayuda de los más beneficiados.
• La tolerancia. Los seres humanos se deben respetar mutuamente, en toda su
diversidad de creencias, culturas e idiomas. No se deben temer ni reprimir las
diferencias dentro de las sociedades ni entre éstas; antes bien, deben apreciarse
como preciados bienes de la humanidad. Se debe promover activamente una
cultura de paz y diálogo entre todas las civilizaciones.
• El respeto de la naturaleza. Es necesario actuar con prudencia en la gestión y
ordenación de todas las especies vivas y todos los recursos naturales, conforme
a los preceptos del desarrollo sostenible. Sólo así podremos conservar y
transmitir a nuestros descendientes las inconmensurables riquezas que nos
brinda la naturaleza. Es preciso modificar las actuales pautas insostenibles de
producción y consumo en interés de nuestro bienestar futuro y en el de
nuestros descendientes.
• Responsabilidad común. La responsabilidad de la gestión del desarrollo
económico y social en el mundo, lo mismo que en lo que hace a las amenazas
que pesan sobre la paz y la seguridad internacionales, debe ser compartida por
las naciones del mundo y ejercerse multilateralmente. Por ser la organización
más universal y más representativa de todo el mundo, las Naciones Unidas
deben desempeñar un papel central a ese respecto.
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