A/HRC/48/78 a estas, que claramente no eran una prioridad de los actores estatales en la costa del Golfo de México. La preparación implicaba hacer que las infraestructuras evolucionaran hacia la energía renovable, es decir, hacia fuentes de energía que pudieran estar disponibles inmediatamente después de un desastre climático. De cara a la preparación también era preciso mantener un diálogo sobre la crisis climática y las soluciones que permitieran adaptarse a acontecimientos inminentes y mitigar el impacto de la explotación y el extractivismo humanos. Cabía también tener en cuenta el contexto. A ese respecto, el acceso al agua potable y al alcantarillado ya era limitado en las comunidades del sur, en las comunidades de raza negra y en las comunidades que estaban en la primera línea de riesgo, incluso antes de que los desastres climáticos se convirtieran en habituales. Abandonar la energía basada en los combustibles fósiles y los motores de combustión para abrazar las energías renovables y limpias equivalía también a comprometerse con una recuperación eficaz en casos de desastre, dado que el acceso a la energía solar, eólica e hidráulica permitiría a las comunidades recuperarse más rápidamente. Un obstáculo considerable que se planteaba en la conversación sobre el clima era el arraigo de perspectivas basadas en el capitalismo, la opresión y la obtención de beneficios por parte de unos pocos. En el diálogo sobre el clima no se abordaban los principios de equidad, reparación y justicia ni se tenían en cuenta otras conversaciones complejas que estaban manteniendo movimientos sociales de todo el mundo. La crisis climática era un problema que concernía a la población negra y afectaba a los afrodescendientes de todo el mundo, y en a cuyo respecto era urgente aplicar criterios de equidad, reparación y justicia. 33. Miriam Miranda, de la Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH), afirmó que el cambio climático había hecho a Honduras extremadamente vulnerable frente a los desastres naturales y el impacto de los huracanes. Los garífunas, hondureños de ascendencia africana, vivían en las regiones costeras más afectadas del país. El modelo productivo nacional había convertido a Honduras en una sociedad agrícola de monocultivo, generalmente en detrimento de la población local. Enormes plantaciones de palma africana habían reemplazado a los cultivos alimentarios. Los métodos tradicionales de producción de alimentos se habían perdido al sustituirse gran cantidad de hectáreas de bosque por monocultivos. A lo largo de todo ese proceso, los responsables de la toma de decisiones no habían reconocido los verdaderos efectos de la desatención y no habían aprendido de las diversas experiencias y problemas de las comunidades. La crisis climática exigía reexaminar los modelos de producción y consumo existentes, dada la desproporcionada relación que existía entre el costo y los beneficios de los megaproyectos industriales con respecto a su impacto. Los modelos de producción y consumo actuales afectaban a toda la humanidad en general y a las comunidades negras vulnerables en particular. 34. Sharon Lavigne, fundadora de RISE St. James, habló del impacto de decenios de racismo ambiental. Afirmó que la avaricia de la industria y el racismo sistémico eran enfermedades cuyos síntomas resultaban evidentes en el suelo y el aire de Luisiana, en el denominado “Callejón de la Muerte” (Death Alley). La Sra. Lavigne había residido toda su vida en el condado de St. James, Luisiana (Estados Unidos de América), una ciudad situada en el tramo de 85 millas del río Misisipi que discurre entre Baton Rouge y Nueva Orleans en la que el 85 % de los residentes son afroamericanos. Esa zona, caracterizada por la ubicación de más de 100 plantas petroquímicas y refinerías, venía denominándose “Callejón del Cáncer” (Cancel Alley), dada la prevalencia de esta dolencia entre sus residentes. En la actualidad había sido rebautizada como “Callejón de la Muerte” por la comunidad. Podía decirse que St. James había sido devastada por la explotación industrial: la gente no podía beber el agua, plantar un huerto o respirar aire puro. Los habitantes de la ciudad sufrían elevados índices de cáncer, enfermedades respiratorias y otros graves problemas de salud por su exposición a los contaminantes industriales. Cuando se produjo la pandemia de COVID-19, un número desproporcionado de residentes falleció por la debilidad de su sistema inmunitario, ocasionada por la contaminación industrial. Las disparidades raciales quedaban patentes incluso en la esfera inmobiliaria, en la que se había favorecido a los propietarios blancos con la adquisición de sus viviendas, mientras que se dejaba a los propietarios de raza negra como tenedores involuntarios de bienes inmuebles en medio de áreas industriales. Con todo, los dirigentes estatales siguieron viendo a la comunidad como prescindible: en la primavera de 2018, sin consultar a la comunidad, el Gobernador de Luisiana anunció que se había aprobado un emplazamiento para un nuevo proyecto que implicaba la creación GE.21-09167 9

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