A/RES/65/277
39. Reafirmamos que la plena efectividad de los derechos humanos y las libertades
fundamentales de todos es un elemento esencial en la respuesta mundial frente a la
epidemia del VIH, incluidos los ámbitos de la prevención, el tratamiento, la
atención y el apoyo, reconocemos que hacer frente al estigma y la discriminación de
que son objeto las personas que viven con el VIH, presuntamente viven con el VIH
o se ven afectadas por él, incluidas sus familias, es asimismo un elemento decisivo
en la lucha contra la epidemia mundial del VIH, y reconocemos también la
necesidad de fortalecer las políticas y la legislación nacionales para hacer frente al
estigma y la discriminación, según proceda;
40. Reconocemos que una cooperación estrecha con las personas que viven con el
VIH y los grupos de población con mayor riesgo de infección por el VIH facilitará
el logro de una respuesta más eficaz frente al VIH y el SIDA, y ponemos de relieve
que las personas que viven con el VIH o se ven afectadas por él, incluidas sus
familias, tienen derecho a participar en pie de igualdad en las actividades sociales,
económicas y culturales, sin prejuicios ni discriminación, y que deben tener el
mismo acceso a servicios de salud y apoyo comunitario que todos los miembros de
la comunidad;
41. Reconocemos que el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva ha sido
y sigue siendo esencial en la respuesta frente al VIH y el SIDA, y que los gobiernos
tienen la responsabilidad de velar por la salud pública, prestando especial atención a
las familias, las mujeres y los niños;
42. Reconocemos la importancia de que se fortalezcan los sistemas de salud, en
particular la atención primaria, y la necesidad de integrar en ella la respuesta frente
al VIH, y observamos que los sistemas de salud deficientes, ya plagados de
problemas, como la falta de trabajadores sanitarios cualificados y la incapacidad
para retenerlos, son uno de los mayores obstáculos para acceder a servicios
relacionados con el VIH y el SIDA;
43. Reafirmamos el papel central de la familia, teniendo presente que en diferentes
sistemas culturales, sociales y políticos existen diversos tipos de familia, para
reducir la vulnerabilidad al VIH, entre otros medios educando y orientando a los
niños, y tenemos en cuenta los factores culturales, religiosos y éticos para reducir la
vulnerabilidad de niños y jóvenes, asegurando tanto a las niñas como a los niños el
acceso a la enseñanza primaria y secundaria, con programas de estudios para
adolescentes que incluyan el VIH y el SIDA, creando entornos seguros,
especialmente a las niñas, ampliando los servicios de buena calidad que ofrezcan
información, educación sobre salud sexual y asesoramiento de forma apropiada para
los jóvenes, reforzando los programas de salud sexual y salud reproductiva y
haciendo participar, en la medida de lo posible, a las familias y los jóvenes en la
planificación, ejecución y evaluación de los programas de atención y prevención del
VIH y el SIDA;
44. Reconocemos el papel que desempeñan las organizaciones comunitarias,
incluidas las administradas por personas que viven con el VIH, al apoyar las
respuestas nacionales frente al VIH y el SIDA, tratar de llegar a todas las personas
que viven con el VIH, prestar servicios de prevención, tratamiento, atención y apoyo
relativos al VIH, y fortalecer los sistemas de salud, en particular la atención
primaria;
45. Reconocemos que la evolución actual de los costos de los programas
relacionados con el VIH no es sostenible y que los programas deben ser más
eficaces en función del costo, basarse en datos empíricos y obtener un mayor
rendimiento, y que la falta de coordinación y el exceso de transacciones en las
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