A/RES/54/282
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cumplir respecto de todos los habitantes del planeta, en especial los más vulnerables y, en particular, los
niños del mundo, a los que pertenece el futuro.
3. Reafirmamos nuestra adhesión a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, que han
demostrado ser intemporales y universales. A decir verdad, su pertinencia y su capacidad como fuente de
inspiración han ido en aumento conforme se han multiplicado los vínculos y se ha consolidado la
interdependencia entre las naciones y los pueblos.
4. Estamos decididos a establecer una paz justa y duradera en todo el mundo, de conformidad con los
propósitos y principios de la Carta. Reafirmamos nuestra determinación de apoyar todos los esfuerzos
encaminados a hacer respetar la igualdad soberana de todos los Estados, el respeto de su integridad territorial
e independencia política; la solución de los conflictos por medios pacíficos y en consonancia con los
principios de la justicia y del derecho internacional; el derecho de libre determinación de los pueblos que
siguen sometidos a la dominación colonial y la ocupación extranjera; la no injerencia en los asuntos internos
de los Estados; el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales; el respeto de la igualdad
de derechos de todos, sin distinciones por motivo de raza, sexo, idioma o religión, y la cooperación
internacional para resolver los problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o
humanitario.
5. Creemos que la tarea fundamental a que nos enfrentamos hoy es conseguir que la mundialización se
convierta en una fuerza positiva para todos los habitantes del mundo, ya que, si bien ofrece grandes
posibilidades, en la actualidad sus beneficios se distribuyen de forma muy desigual al igual que sus costos.
Reconocemos que los países en desarrollo y los países con economías en transición tienen dificultades
especiales para hacer frente a este problema fundamental. Por eso, consideramos que solo desplegando
esfuerzos amplios y sostenidos para crear un futuro común, basado en nuestra común humanidad en toda su
diversidad, se podrá lograr que la mundialización sea plenamente incluyente y equitativa. Esos esfuerzos
deberán incluir la adopción de políticas y medidas, a nivel mundial, que correspondan a las necesidades de
los países en desarrollo y de las economías en transición y que se formulen y apliquen con la participación
efectiva de esos países y esas economías.
6. Consideramos que determinados valores fundamentales son esenciales para las relaciones
internacionales en el siglo XXI:
•
La libertad. Los hombres y las mujeres tienen derecho a vivir su vida y a criar a sus hijos con
dignidad y libres del hambre y del temor a la violencia, la opresión o la injusticia. La mejor forma
de garantizar esos derechos es contar con gobiernos democráticos y participativos basados en la
voluntad popular.
•
La igualdad. No debe negarse a ninguna persona ni a ninguna nación la posibilidad de beneficiarse
del desarrollo. Debe garantizarse la igualdad de derechos y oportunidades de hombres y mujeres.
•
La solidaridad. Los problemas mundiales deben abordarse de manera tal que los costos y las
cargas se distribuyan con justicia, conforme a los principios fundamentales de la equidad y la
justicia social. Los que sufren, o los que menos se benefician, merecen la ayuda de los más
beneficiados.
•
La tolerancia. Los seres humanos se deben respetar mutuamente, en toda su diversidad de
creencias, culturas e idiomas. No se deben temer ni reprimir las diferencias dentro de las
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