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C.
Honrar la promesa de no dejar atrás a ningún niño:
los niños en tránsito
46. En los últimos años se ha registrado un aumento del número de niños que
están en tránsito, solos o con sus familias, dentro de los países y entre ellos. Cada
minuto, 20 personas se ven obligadas a huir de sus hogares a causa de la violencia,
la persecución o el conflicto. En 2016, los niños representaban más de la mitad de la
población total de refugiados, y había más de 75.000 solicitudes de asilo
presentadas por niños no acompañados o separados de su familia.
47. En la mayoría de los casos, la decisión de un niño de abandonar su hogar es
una estrategia de huida en busca de seguridad y protección, y con la esperanza de
llegar a algún lugar donde refugiarse de la violencia y la explotación, la
inestabilidad política, los conflictos y los desastres naturales. Para los niños en
tránsito, la violencia impregna la vida cotidiana, el temor y la inseguridad están
generalizados y prevalece la impunidad.
48. Los niños en tránsito pueden presenciar escenas horribles: la muerte de sus
padres, la violación de sus hermanas o la desaparición forzada de sus amigos. Están
expuestos a la delincuencia callejera y la violencia comunitaria, la extorsión
sistemática, y el acoso de los miembros de bandas en su escuela o vecindario. En
algunos casos, los niños son manipulados por miembros de la delincuencia
organizada y obligados a participar en actividades delictivas, como actuar como
vigilantes en lugares donde se trafica con drogas o armas o donde se congregan los
contrabandistas. Si se niegan a cooperar, pueden pagar un alto precio. Los niños
marginados en esas comunidades están atrapados en un círculo vicioso de exclusión,
estigmatización y violencia, pues se los termina percibiendo como delincuentes, los
miembros de sus comunidades les temen y, a veces, las autoridades los tratan como
si fueran delincuentes.
49. En medio de esa devastadora realidad, los niños se sienten listos para
emprender un peligroso viaje de incertidumbre con la esperanza de encontrar un
lugar seguro.
50. Estos niños muchas veces no logran beneficiarse de la protección que les
corresponde por derecho. Pueden parecer entrometidos, más que víctimas
vulnerables en situación de riesgo. Pueden carecer de documentación adecuada o no
hablar el idioma local. En la mayoría de los casos, sencillamente están demasiado
atemorizados para denunciar los incidentes de malos tratos o hablar sobre el trauma
que han sufrido. No piden ayuda por temor a las consecuencias negativas que eso
podría tener en las decisiones pendientes sobre su situación, o porque eso podría
exponerlos a una detención o deportación.
51. Muchos niños terminan en instalaciones atestadas, a menudo junto con adultos
que no son miembros de su familia. Pueden encontrarse en lugares donde existe un
procedimiento abreviado y enfrentarse a un alto riesgo de que, en este
procedimiento, apenas se tenga en cuenta su interés superior, con lo que además
tendrían más probabilidades de ser devueltos a las situaciones de las que han huido.
52. La amenaza de privación de la libertad es alta. Los niños pueden ser detenidos
supuestamente para garantizar su protección contra el riesgo de desaparición y trata,
o con el fin de localizar a la familia o examinar las opciones de regreso a su país de
origen. La detención de esos niños, que nunca redunda en su interés superior,
constituye un castigo adicional cuyos supuestos fines pueden lograrse de otra forma.
53. Mientras se decide su suerte, los niños pueden sufrir humillaciones, agresiones
físicas y abusos sexuales. En muchos casos, no tienen acceso a una autoridad de
protección infantil, un proceso de determinación de la protección e n función de su
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