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V. Un año después: centrar a los afrodescendientes como
titulares de derechos frente al racismo sistémico
y la impunidad
A.
La COVID-19 en el contexto de una cultura de negación
y desechabilidad
26. Al principio de la pandemia, el Grupo de Trabajo informó sobre el aumento de
la violencia policial contra los afrodescendientes en paralelo a los riesgos de la
COVID-19 1. El Grupo de Trabajo señaló que la raza era la “hebra” que conectaba la
COVID-19, la impunidad policial y las protestas en todo el mundo, y señaló variables
y consideraciones estrechamente interrelacionadas. Las presunciones de
desechabilidad y prescindibilidad, que habían sido necesarias para configurar la
construcción social de la raza a lo largo de la historia, seguían posibilitando la
explotación del trabajo, la vida y la propiedad intelectual de los afrodescendientes.
Con frecuencia, esto se ponía de manifiesto en la integración de inferencias y señales
sociales 2, o en las respuestas aparentemente autónomas a la incertidumbre y a las
situaciones inéditas que parecían confirmar el racismo sistémico, en lugar de encarnar
compromisos declarados para desmantelarlo. En esto se podía ver una raíz común y
vínculos continuos entre la expectativa de impunidad para la violencia y el abuso de
autoridad por parte de las fuerzas del orden, el desprecio y la negación de las
disparidades raciales que había puesto de manifiesto la COVID -19 y la diferencia en
la forma en que los Estados respondían a las protestas y manifestaciones en función
de la raza.
27. El hecho de que las disparidades raciales y el racismo sistémico sigan sin
tomarse en cuenta al adoptar decisiones relacionadas con la pandemia de COVID -19
sigue siendo una preocupación inmediata. Preocupa especialmente al Grupo de
Trabajo el despliegue de las campañas de vacunación, en las que apenas se tienen en
cuenta las disparidades raciales y la solidaridad internacional. Las medidas e
intervenciones que parecen neutrales pueden tener resultados discriminatorios si no
se hacen esfuerzos específicos para contrarrestar los sesgos raciales. Como se ha
comentado anteriormente, la elevada vulnerabilidad de los afrodescendientes ante la
COVID-19 tiene su origen en el racismo sistémico que históricamente ha pasado por
alto los obstáculos en el acceso a la atención médica, las enfermedades crónicas y su
condición de trabajadores de primera l��nea.
28. A este respecto, el Grupo de Trabajo debatió sobre el hecho de que las
taxonomías, o sistemas de clasificación, no son neutrales y reflejan prioridades
racializadas. Como advirtió el Grupo de Trabajo en su momento, “los Estados deben
reconocer la especificidad de las necesidades de determinadas comunidades, o se
arriesgan a rebajar la prioridad de los afrodescendientes en las leyes y políticas ” 3.
Esto incluye la pobreza y la desigualdad existentes que podrían seguir influyendo en
los resultados durante la pandemia 4. En los Estados Unidos, en marzo de 2021 los
datos mostraron que los inquilinos negros tenían especiales dificultades para
conseguir y mantener una vivienda debido a la pandemia de COVID-19 5. Para los
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Véase A/HRC/45/44.
Tanaz Molapour y otros, “Seven computations of the social brain”, Social Cognitive and
Affective Neuroscience, vol. 16, núm. 8 (agosto de 2021).
A/HRC/45/44, párrs. 13 a 15.
Por ejemplo, según el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE), en
2018, el 40 % de la población de la Reunión, en su mayoría afrodescendientes, vivía por debajo
del umbral de la pobreza.
Para más información, véase www.childtrends.org/publications/racism-and-discriminationcontribute-to-housing-instability-for-black-families-during-the-pandemic.
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