A/HRC/RES/54/23
por parte de las autoridades rusas, de las organizaciones y los representantes de la sociedad
civil, los defensores de los derechos humanos —en particular las defensoras de los derechos
humanos, que se enfrentan a formas de violencia y amenazas sexuales y de género
específicas—, los medios de comunicación independientes, los periodistas, los trabajadores
de los medios de comunicación, los Pueblos Indígenas, las personas en situación de
vulnerabilidad, las personas pertenecientes a minorías, los abogados, los representantes de la
oposición política y otras personas que ejercen sus derechos humanos,
Expresando su profunda preocupación por las denuncias de detención y reclusión
arbitrarias y hostigamiento en masa de las personas a que se hace referencia en el párrafo
anterior, incluidas las personas que protestan pacíficamente y condenan el deterioro del
estado de derecho en la Federación de Rusia y la guerra de agresión de la Federación de Rusia
contra Ucrania, y por el uso excesivo de la fuerza contra estas personas, así como por la
ausencia de un poder judicial independiente, la denegación —entre otras personas, a las que
se encuentran privadas de libertad— del derecho a un juicio imparcial y a asistencia letrada
de su propia elección y la persistente impunidad de las autoridades y su negativa a investigar
presuntos casos de desaparición forzada, tortura y otros malos tratos y violencia sexual y de
género contra personas privadas de libertad, así como la situación de las personas, en especial
los niños, que han sido expulsadas a la Federación de Rusia,
Expresando su preocupación por el cese de actividad impuesto por la fuerza y de
forma masiva a organizaciones de la sociedad civil, como Memorial, el Grupo Helsinki de
Moscú, el Sakharov Centre, el Centro de Información y Análisis SOVA, el Centro de Ayuda
a los Pueblos Indígenas Minoritarios del Norte y la organización de derechos humanos Man
and Law, el bloqueo y el cierre forzado de casi todos los medios de comunicación
independientes, incluidos emisoras de radio, canales de televisión, medios de comunicación
en línea y periódicos —entre ellos Novaya Gazeta, Eco de Moscú y el canal de televisión
Dozhd—, las prohibiciones impuestas a los medios de comunicación extranjeros y la
expulsión selectiva de organizaciones extranjeras del registro por parte de las autoridades
rusas, así como por el acceso limitado de la sociedad civil rusa a la infraestructura de la
información y las comunicaciones y a información independiente, la intensificación de la
censura y la desinformación y la cibervigilancia impuesta para controlar la información e
intimidar y silenciar a las voces críticas,
Haciendo notar con profunda preocupación las medidas legislativas encaminadas a
restringir cada vez más las libertades de reunión pacífica, de asociación y de expresión,
incluida la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones, tanto en línea como en
espacios físicos, especialmente las leyes sobre los denominados “agentes extranjeros”, el
“extremismo” y las “organizaciones indeseables”, en su versión modificada, la Ley de 4 de
marzo de 2022 por la que se modifican el Código de Infracciones Administrativas y el Código
Penal, conocida como “ley de noticias falsas sobre el ejército ruso”, y las prohibiciones
generales de difusión de información basadas en unos conceptos imprecisos y ambiguos, así
como el uso indebido del sistema judicial con fines políticos, que, en conjunto, tienen por
efecto acallar las opiniones pacíficas, independientes y pluralistas mediante la imposición de
cuantiosas multas, reclusión arbitraria y largas penas de privación de libertad,
Preocupado por el hecho de que las autoridades estén empleando medidas legislativas
contra la sociedad civil rusa para penalizar y criminalizar la cooperación con las
organizaciones internacionales, entre otras cosas a modo de represalia por haber colaborado
con mecanismos de derechos humanos de las Naciones Unidas, y de que, al parecer, la
aplicación de dicha legislación esté dando lugar a casos de autocensura y disuadiendo a los
actores de la sociedad civil de colaborar públicamente con las Naciones Unidas y otras
organizaciones,
Convencido de que la independencia e imparcialidad de la judicatura, la integridad del
sistema judicial y la independencia de los profesionales del derecho son un requisito previo
indispensable para proteger los derechos humanos, el estado de derecho, la buena gobernanza
y la democracia, y para garantizar la no discriminación en la administración de justicia, y de
que, por tanto, deben respetarse en cualquier circunstancia,
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GE.23-19826