A/RES/65/277
de prevención del VIH, que los programas nacionales de prevención a menudo no
están suficientemente coordinados y no se basan en datos empíricos, que las
estrategias de prevención no reflejan adecuadamente los patrones de infección o no
se centran suficientemente en los grupos de población con mayor riesgo de
infección por el VIH, y que solo el 33% de los países tienen metas relativas a la
prevalencia entre los jóvenes y solo el 34% han fijado objetivos específicos en
cuanto a los programas relativos a los preservativos;
28. Observamos con preocupación que las estrategias y los programas nacionales
de prevención suelen ser demasiado genéricos y no responden adecuadamente a los
patrones de infección y la elevada morbilidad; por ejemplo, en los casos en que las
relaciones heterosexuales son el modo de transmisión predominante, la mayoría de
las nuevas infecciones se producen entre personas casadas o que cohabitan,
incluidas las que viven en relaciones serodiscordantes, pero no se dirigen a esas
personas suficientes intervenciones en materia de pruebas de detección y
prevención;
29. Observamos que muchas de las estrategias nacionales de prevención del VIH
se centran de manera insuficiente en los grupos de población clasificados de mayor
riesgo con arreglo a las pruebas epidemiológicas, específicamente los hombres que
tienen relaciones sexuales con hombres, las personas que consumen drogas por vía
intravenosa y los trabajadores del sexo, y observamos además que cada país debe
definir los grupos de población específicos que son la clave de su epidemia y su
respuesta, sobre la base del contexto epidemiológico y nacional;
30. Observamos con grave preocupación que, si bien la transmisión del VIH de
madre a hijo casi se ha eliminado en los países de ingresos altos y se dispone de
intervenciones de bajo costo para prevenir la transmisión, aproximadamente
370.000 lactantes fueron infectados con el VIH en 2009;
31. Observamos con preocupación que los programas de prevención, tratamiento,
atención y apoyo no van suficientemente dirigidos a las personas con discapacidad
ni son accesibles para ellas;
32. Reconocemos que el acceso a medicamentos y productos seguros, efectivos,
asequibles y de buena calidad en el contexto de una epidemia como la del VIH es
fundamental para que se haga plenamente efectivo el derecho de toda persona al
disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental;
33. Expresamos grave preocupación porque la mayoría de los países de ingresos
bajos y medianos no han alcanzado sus metas relativas al acceso universal a
servicios de tratamiento del VIH, a pesar de que se ha logrado un hito importante al
ampliar el acceso al tratamiento antirretroviral a más de 6 millones de personas que
viven con el VIH en países de ingresos bajos y medianos, que al menos 10 millones
de personas que viven con el VIH reúnen los requisitos médicos para iniciar el
tratamiento antirretroviral ahora, que la interrupción del tratamiento es una amenaza
para su eficacia, y que la sostenibilidad de proporcionar tratamiento a personas
infectadas con el VIH durante toda su vida se ve amenazada por factores como la
pobreza, la falta de acceso al tratamiento y la financiación insuficiente e
imprevisible, así como por el hecho de que el número de infecciones nuevas supera
por un factor de dos a uno el número de personas que inician el tratamiento del VIH;
34. Reconocemos el papel fundamental que desempeña la investigación para
sustentar los progresos en materia de prevención, tratamiento, atención y apoyo
relativos al VIH y acogemos con beneplácito los extraordinarios avances registrados
en los conocimientos científicos sobre el VIH y sobre su prevención y tratamiento,
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