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y las demás, en particular en lo que respecta a la inseguridad alimentaria, la salud, el
acceso a la energía y a las tecnologías de la información y las comunicaciones, la pobreza
y el empleo. Esas diferencias son mayores en el caso de las mujeres con discapacidad, las
personas indígenas con discapacidad, las personas con discapacidad intelectual o
psicosocial y las personas con discapacidad que viven en zonas rurales. Solo en algunas
esferas se registraron avances, por ejemplo, en lo que respecta a las leyes y políticas que
protegen el derecho de las personas con discapacidad a la educación, que en la actualidad
existen en el 87 % de los países.
19. A fin de ilustrar las lagunas existentes, las personas con discapacidad siguen
teniendo más probabilidades de vivir en la pobreza, y los avances en la cobertura de
las prestaciones de discapacidad han sido lentos. La inseguridad alimentaria afecta al
55 % de las personas con discapacidad en los países en desarrollo, y los niños con
discapacidad son más propensos a presentar signos de malnutrición. En comparación
con las demás, las personas con discapacidad tienen muchas más probabilidades de
no tener acceso a la atención de la salud cuando la necesitan, y uno de los motivos es
la inaccesibilidad de los establecimientos de salud. En muchos países, las personas
con discapacidad tienen menos probabilidades de acceder al agua potable y a las
instalaciones de saneamiento e higiene necesarias.
20. Solo el 27 % de las personas con discapacidad tienen empleo, y los jóvenes con
discapacidad tienen el doble de probabilidades que el resto de no trabajar, estudiar o
recibir formación. La inclusión digital y la accesibilidad siguen siendo un reto
importante. En muchos países, las personas con discapacidad continúan privadas de
capacidad jurídica y se enfrentan a barreras persistentes para acceder a la justicia.
Todos estos ejemplos están relacionados con derechos clave consagrados en la
Convención y son fundamentales para que las personas con discapacidad puedan vivir
con dignidad, tener control sobre su vida cotidiana y formar parte de su comunidad.
Es evidente que el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para las personas
con discapacidad dista mucho de ir por buen camino, y la persistencia de las
desigualdades y la discriminación siguen socavando los derechos humanos de las
personas con discapacidad.
III. Participación de las personas con discapacidad en los
mecanismos de examen y seguimiento de la Agenda 2030
21. Como parte de la Agenda 2030, los Estados se comprometieron a establecer un
marco de seguimiento y examen sólido, voluntario, eficaz, participativo, transparente
e integrado a nivel nacional, regional y mundial. Los procesos de examen y
seguimiento tienen por objeto seguir los avances en el logro de los Objetivos de
Desarrollo Sostenible y las metas conexas y señalar soluciones y mejores prácticas
sobre la base de pruebas y datos desglosados por diversas características, entre ellas
la discapacidad. En consonancia con el compromiso adquirido de hacer que estos
procesos sean abiertos, inclusivos, participativos y transparentes para todas las
personas, debe incluirse a las personas con discapacidad en los mecanismos de
examen y seguimiento a nivel nacional, regional y mundial.
22. En efecto, para no dejar a nadie atrás, la participación y la inclusión de las
personas con discapacidad son fundamentales a fin de asegurarse de que sus
experiencias y desafíos se reflejen y se integren al evaluar el logro de los Objetivos
de Desarrollo Sostenible, así como en las iniciativas conexas para apoyar y acelerar
su logro. Y, como se ha señalado anteriormente, la participación de las personas con
discapacidad no es solo una consideración acertada en la elaboración de políticas y
programas, sino que es también un imperativo de derechos humanos.
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