A/RES/79/178
Los derechos humanos y la extrema pobreza
Reiterando su profunda preocupación porque los avances han sido desiguales,
la desigualdad ha aumentado y el número total de personas que viven en la extrema
pobreza continúa siendo inaceptablemente elevado, a lo que se añade que, según las
previsiones, en 2030 podrían seguir estando en situación de extrema pobreza
590 millones de personas, y porque las dimensiones de la pobreza y las privaciones
de índole no económica, como el acceso a una educación de calidad o a servicios
básicos de salud de carácter inclusivo y equitativo, y la pobreza relativa siguen siendo
motivo de grave preocupación,
Reconociendo la necesidad de hacer frente a las inequidades y desigualdades
sanitarias dentro de los países y entre ellos mediante el compromiso político, la
aplicación de políticas y la cooperación internacional, incluso abordando los
determinantes sociales, económicos y ambientales de la salud,
Profundamente preocupada por el hecho de que la extrema pobreza se agrava
aún más a causa de la desigualdad entre los géneros, la violencia de género y la
discriminación, que afectan de forma desproporcionada a las mujeres y las niñas, y
que el efecto desproporcionado de la pandemia de COVID-19 en la situación social y
económica de las mujeres y las niñas está profundizando las desigualdades ya
existentes y conlleva el riesgo de frenar los progresos realizados en las últimas
décadas hacia el logro de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres
y las niñas, reconociendo al mismo tiempo que las mujeres y las niñas desempeñan
un papel importante en la erradicación de la pobreza y contribuyen de forma
importante a ella y reconociendo asimismo que existen vínculos que se refuerzan
mutuamente entre el logro de la igualdad de género y el empoderamiento de todas las
mujeres y las niñas y la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones,
incluida la extrema pobreza,
Reconociendo la importancia de apoyar a los países en sus esfuerzos por
erradicar la pobreza en todas sus formas y dimensiones, incluida la extrema pobreza,
y promover el empoderamiento de las personas pobres y en situación de
vulnerabilidad, en particular las mujeres, las niñas y los niños, la juventud, los
Pueblos Indígenas, las comunidades locales, las personas de edad, las personas con
discapacidad, los migrantes, los refugiados, los desplazados internos, las personas
pertenecientes a minorías nacionales, étnicas, religiosas y lingüísticas y las personas
afrodescendientes,
Preocupada por los problemas del momento, incluidos los derivados de los
efectos persistentes de la crisis financiera y económica, la inseguridad alimentaria, la
inestabilidad de los precios de los alimentos y otros problemas actuales relativos a la
seguridad alimentaria mundial, las epidemias y los grandes desplazamientos de
personas refugiadas y migrantes, así como los crecientes desafíos que suponen el
cambio climático y la pérdida de biodiversidad, y por el consiguiente aumento del
número de personas que viven en la extrema pobreza y el efecto negativo de los
problemas mencionados en la capacidad de todos los Estados, especialmente los
países en desarrollo, para combatir la extrema pobreza,
Teniendo presente que, para romper el ciclo de la pobreza y la vulnerabilidad
intergeneracionales, promover el bienestar de todas las personas de todas las edades,
incluidas las personas con discapacidad, impulsar los esfuerzos de desarrollo,
contribuir a mejorar los resultados para los niños y hacer frente a la feminización de
la pobreza, es preciso adoptar medidas positivas, concretamente en forma de políticas,
a nivel nacional e internacional, que corrijan las desigualdades existentes en la
distribución de los servicios, los recursos y la infraestructura, así como en el acceso
a la alimentación, la atención sanitaria, la educación y el trabajo decente en las
ciudades y otros asentamientos humanos,
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